-Nosce te impsum-

Desarrollo personal y espiritual


Presente

¿Alguna vez habéis pensado la de veces que fantaseamos?

¿La de veces que añoramos algo que ya ha ocurrido o queremos que ocurra?

¡La de tiempo que dejamos morir cada vez que olvidamos que día es hoy!

La evasión en todo su esplendor. Vivir fuera de nosotros mismos ajenos a cualquier realidad, solo por la tendencia a navegar sobre la insatisfacción. Quizás también por la enorme exigencia que la sociedad actual nos exige, corriendo a velocidades muy encima de lo que somos capaces de asimilar. Da la sensación de estallar en cualquier momento.

La envidia es uno de los peores egos que anida en nosotros.

Un mal que cuesta erradicar y que se alimenta constantemente de nuestros anhelos. El pasado y el futuro son los escenarios ideales para su actuación, mientras nuestra esencia se pierde muy al fondo de nosotros. Hemos olvidado que la permanencia de las cosas, no existe.

Todo que nace irreversiblemente esta ligado a la muerte.

La estabilidad ya sea laboral, emocional o social, tiene fecha de caducidad. Es por ello que cuando llega el momento de enfrentarnos a dicha realidad, emanan nuestros dolores más profundos. Germina la semilla del apego y buscamos refugio en los mundo más imaginarios.

La naturaleza humana tiende a escapar del sufrimiento, a no aceptarlo tal y como es.

Creamos castillos en el aire, viviendo cada momento absolutamente dormidos y solo encontramos alivio cuando viene algún recuerdo fantasmal. La vida es eso que ocurre mientras vivimos dormidos, ajenos a lo que acontece a nuestro alrededor.

Cuando empiezas a ser consciente de ti mismo y miras la vida con otros ojos, ocurren cosas muy curiosas.

Recuerdo hace poco ir dando paseo por una avenida que habré pasado mil y una veces. De repente, me di cuenta un cartel promocional de viviendas, desgastado por el paso del tiempo. Allí había estado mucho tiempo atrás.

¿Cuántas veces había pasado por aquel entorno? ¿Qué infinidad de momentos se me habían escapado, simplemente con no darme cuenta de ese cartel hasta ahora?. Sentí un poco de vergüenza y a la par alivio, el hecho de que ese cartel hubiera «aparecido» de repente. El oxido que cubría ya el viejo poster, me hizo darme cuenta de algo maravilloso.

Cada día ocurren a nuestro alrededor, miles y miles de cosas.

Nada es igual hoy que ayer, ni que mañana. El mundo se despierta cada mañana para sorprendernos, si somos capaces de captar sus momentos. Parece algo muy obvio, recitado en miles de manuales de autoconocimiento. Pero una cosa es leerlo y otra cosa es experimentarlo.

Que aflore la curiosidad donde la inocencia ocupe su lugar privilegiado.

Ser niños de nuevo. Abrir la puerta al aburrimiento, a no hacer nada y simplemente pararnos a observar. Sonreír, mientras somos conscientes del aire que respiramos. Esos momentos donde se abre una pequeña grieta en nuestra mente, ahí emerge el presente.

Sentirte contigo mismo y de tus pies al andar.

Volver al refugio donde emana la luz y todo vuelve a su cauce. Ser partícipes del ahora, de cada palabra que decimos, de cada abrazo que damos y de cada beso que recibimos. Un estado perfecto de armonía, plenitud y de atención plena. El punto perfecto de equilibrio, sin más.

Podrás pensar ahora: «Aunque vuelva al presente y vuelva de los mundos de Alicia, eso no acabará con mi sufrimiento. El dolor sigue latente».

Eso es cierto.

Pero cuanto antes vivas tu presente, antes recuperaras el sentido de tu existencia. Sentirás de nuevo la fuerza de la vida emanando por cada poro de tu piel, poniendo fin a tu dolor. Encontraras la solución aquí y ahora, nada del pasado ni del futuro que aún no ha ocurrido. Solo en el presente encontrarás las herramientas necesarias para liberarte de tus apegos.

Solo es cuestión de que aparezcan más carteles por tu camino...



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